En un mundo globalizado como en el que vivimos en la actualidad, existen distintas situaciones, circunstancias, personas, características, actitudes, colores, sabores y sin sabores que van formando nuestro carácter.
La cultura, nuestras raíces, la educación obtenida, el circulo familiar y nuestras amistades, influyen en nuestra perspectiva de las cosas y de la vida.
Nuestro sentido de la belleza, la fealdad, lo bueno y lo malo, está definido entre otras cosas por todo lo anterior.
En todas las culturas desde la antigüedad hasta nuestros días, podemos ver vestigios de esta búsqueda de aceptación, encaminada hacia la belleza y el sobresalir sobre nuestros congéneres.
Desafortunadamente para aquellos menos agraciados o con menor capacidad adquisitiva. El vivir en una sociedad frívola y guíada por los medios no es de lo más alentador.
Sobre todo, porque gracias a este bombardeo de imágenes que nos dice lo que es belleza, estatus, y poder, que los medios han hecho llegar a nosotros, el ser humano tiene la marcada tendencia de autocastigarse ante las tentaciones que nos alejan de tener el anhelado trofeo de la belleza.
Esto trasciende más alla de la vanidad femenina, ya que actualmente vemos la proliferación del varón en lugares donde sólo se veían féminas en la antigüedad. Tal es el caso de los spa, salones de belleza, boutiques, zapaterías, gimnacios, estéticas, e incluso en las áreas de cremas y perfumes de los principales almacenes de autoservicios.
De ahí la tendencia al "Metrosexualismo" que hay en la actualidad. Todo en pos, de encontrar la belleza de cada uno y la aceptación de una sociedad cada vez más exigente y selectiva.
En cuanto a las mujeres, es necesario encontrar el atuendo que haga que combine perfectamente todas sus partes como un gran todo.
Ropa, zapatos, accesorios, peinado y maquillaje, deben actuar como el elemento favorecedor que permita lograr el objetivo final. Lucir bella y atractiva para cualquiera que pueda apreciarlo.
Tanto en hombres como en mujeres, en muchas ocasiones, el presupuesto para adquirir todo lo necesario queda por encima de muchas otras necesidades básicas.
La tendencia se vuelve frívola, ruda y cruel con aquellos que no pueden seguirla y que serán sujetos al escrutinio de una sociedad cada vez más autómata, guiada por los medios de comunicación en masa.
Por mi parte, trato de encontrar el equilibrio entre todo, aunque es muy fácil ceder a la gran tentación de adquirir nuevos ejemplares para renovar, aumentar o cambiar el guardaropa, cuando se siente que ya todo está viejo, desgastado o pasado de moda.
Sin embargo, lo realmente importante es no dejarse llevar del todo por lo que la sociedad diga, sino encontrar un punto en donde encontremos nuestro centro y nos sintamos felices con nosotros mismos por ser tal cual somos. Recuerden que así como "No todo lo que brilla es oro", tampoco "Todo lo que es oro brilla". Así que se los dejo de tarea.
